
Un año más que se termina.
Un año más…que fácil lo decimos, verdad?
Un año más….y no nos ponemos a agradecer que lo hayamos terminado por ejemplo…o que lo hayan terminado también nuestros seres queridos.
Como si la vida fuera algo que tenemos por descontado…
Como si fuera algo que nosotros, controlamos a nuestro antojo y que tenemos el poder de decidir cuantos años más elegimos vivir.
Así de omnipotentes nos sentimos, así de todopoderosos.
Así de desagradecidos somos demasiadas veces los seres humanos..
Un año más que se termina.
Un año más que se termina y yo puedo estar aquí.
Con salud, con trabajo, con amigos, con compañeros….
Este es un buen momento para agradecer la salud y la vida.
Cuantas familias, cuantas madres, ahora mismo no tienen nuestra suerte.
Cuantas personas en este mundo no pueden decir lo mismo que nosotros? Cuantas otras quisieran estar en nuestra misma situación y se cambiarían por nosotros sin pensarlo dos veces…
Esta es una buena ocasión para tomar conciencia.
Darme cuenta por fin, de que la vida no es algo que se da por descontado,
Ni que me la merezco porque sí nomás.
Es hora de comprender, que tenemos la obligación de hacer algo útil con ella., tenemos que hacer que nuestra vida valga la pena.
Tenemos la obligación de intentar ser felices y de intentar hacer felices a los que tenemos más cerca.
A los que nos eligen como amigos, a nuestros hijos, a nuestros padres….
Tenemos que intentar ser impecables e implacables con nosotros mismos, cuando nos lo merecemos.
Darnos cuenta cuando no somos honestos con lo que sentimos, cuando intentamos eludir nuestra responsabilidad en las situaciones.
Cuando nos quejamos en vez de hacer, cuando achacamos a los otros todas nuestras desgracias.
Tenemos la obligación de probar la alegría, de practicar la risa porque sí nomás, aprender a reírnos de nosotros mismos.
Es nuestra tarea como hijos revisar valientemente la relación con nuestros padres, no para juzgar porque no tenemos ese poder, pero si revisar y sacar todo lo que nos impide ser felices e independientes.
Poner a nuestro padre y nuestra madre en su lugar, honrarlos y seguir adelante, liberando historias, liberando a nuestros hijos de nuestra historia.
En una vida que valga la pena, la generosidad tiene un lugar importante.
NO es más generoso el que da lo que le sobra, ni el que da, esperando recibir.
Hay que dar de corazón y olvidar que uno ha dado.
Se puede ser muy generoso simplemente escuchando atentamente y con respeto al otro.
Uno se vuelve generoso cuando mira hacia el lado que es más fácil no ver.
Hacia todos los tipos del maltrato, hacia los inmigrantes, hacia los ancianos, hacia la pobreza.
Uno se vuelve mejor persona cuando se atreve a mirar de frente los problemas,
el lado no dulce de la vida, cuando tiende su mano y dispone el corazón a dar y recibir.
Uno va creciendo cuando finalmente comprende que en esta vida, tenemos una misión y que venimos acá para aprender.
Que todo lo que nos sucede, nos tiene que dejar una reflexión y un aprendizaje.
Así paso a paso se va construyendo una vida.
Así paso a paso se va terminando una vida.
Aprovechemos este tiempo de vida y hagamos que valga la pena. FELIZ AÑO.
Gracias a Inma, Adriana, Bill, Ascen, Manola, Mariangeles, Amalia, Sonia, Ramón, Sabina, Lidia, Elisabeth y Lola.
Por hacer de este encuentro algo muy especial.






